| ¿Qién
no ha comido alubias en nuestra tierra? ¡Tolosanas, de Gernika o
la Pinta alavesa¡ ¿Cuál es la mejor receta, en un
país de pucheras o de los mil concursos y de los diez mil txokos?
Yo os voy a dar la mía, sencilla y comprobada.
Tiene su historia. A finales de los sesenta estaba yo en Madrid dando
clase en la Complutense. Un fin de semana de invierno tuve que venir a
Donosti a visitar a un hermano mío operado de riñón
en la Clínica de San Ignacio de Ategorrieta que ya no sé
ni si existe.
Como en la clínica no había ni una triste cafetería,
busqué por la zona algún bar o casa de comidas. Dí
con uno en el Alto de Miracruz. Me senté y pedí alubias
rojas. Me sirvió un chico joven muy dispuesto y euskaldún.
Eran unas alubias fantásticas, fuera de serie. Yo, que había
comida muchas alubias en mi vida, le expresé mi asombro al joven
que me atendió y le pregunté qué secreto tenían
para estar tan deliciosas. Me respondió que secreto ninguno: buen
género y cocinarlas con mucho cariño. Bueno, añadió,
tal vez el sofrito.
Aquel joven, hijo de la casa, que me sirvió se llamaba JUAN MARI
ARZAK. Desde entonces, siempre que preparo alubias, que suele ser bastantes
veces, y por cierto con éxito, hago las alubias, con buen material,
con SOFRITO y con MUCHO CARIÑO.
EL MATERIAL
Me refiero a las alubias rojas especialmente aunque vale ambién
para las blancas, es decir, a las baba gorriak o babarrunas en Guipúzcoa
o indabak en Bizkaia. Para unos las mejores son las de Gernika. Para otros
las de Tolosa. Los que presumen de entendidos afirman que las de Albistur,
un precioso pueblo que está entre el alto de Régil y Tolosa.
Yo las traigo de Azkoitia y son estupendas. Dentro de un mismo pueblo
suelen decir que las de tal Caserío son las mejores . Es decir
que todas son buenas.
No olvidarse de ponerlas a remojo la víspera.
CON SACRAMENTOS O VIUDAS
Yo las pongo siempre viudas, es decir, sin morcilla, tocino chorizo, etc.
Por aquello de las grasas y las digestiones pesadas. Hay una solución
intermedia que es la de poner en puchero aparte unas pocas alubias, con
algo más de agua y cocer en él todos los sacramentos que
se quieran, también despacio y con mucho cariño y en menos
tiempo, y servir los sacramentos aparte aunque lo padezca la ortodoxia
digestiva y el colesterol.
El agua a discreción, según se quieran más o menos
caldosas, aunque si vienen un poco secas siempre se les puede ir echando
agua a discreción.
EL TIEMPO
Hay que tomarse todo el que haga falta. Se puede poner al fuego vivo la
primera media hora, pero luego hay que ir bajando la fuerza hasta terminar
en un orondo pil-pil, moviendo el puchero o dando vueltas con el cucharón,
pero sin violencias. Si se abusa del fuego se hacen antes, pero se rompen
y se hace masa. Tampoco recomiendo hacerlas en olla a presión,
salvo si se tiene prisa y sólo para el primer hervor, pasando cuanto
antes al “cariño”.
EL SOFRITO
Hay tantas fórmulas como verduras. La mía es tomar primero
una cebolla hermosa o dos menores. Picarlas bien y apocharlas en aceite.
Digo apochar y no freir. Hay que darle tiempo. Yo he visto en un txoko
de Eibar a un cocinero innominado pero genial, apochar la cebolla con
el “pitorro” del gas. No tanto, pero en todo caso con cariño.
Mientras se apocha la cebolla se hace tomate picado y se pica también
pimiento, rojo o verde o de los dos, fresco si hay o si no de lata. Se
junta en la sartén y se fríen pacientemente. Cuando las
alubias están bastante hechas, se echa el sofrito, pasando todo
por el chino o el pasapuré. Y se van dando vueltas despacio con
el cucharón. Esto último era el “secreto” de
Arzak, cuando Arzak no era Arzak, aunque tampoco Arzálluz era Arzálluz.
No olvidaros de la “SAL”. No mucha, sobre todo al principio,
porque el agua se va evaporando y la sal no, y se puede medir mejor al
final.
¡Ah! Y encomendaros a Ntra. Sra. de los Buenos Aires.
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